miércoles, julio 26, 2017

El Ángel Caído



Hola a todo el mundo:
Todos los que me concoen saben que me gusta mucho la música, y también que, de entre los grupos españoles (y asturianos) uno de mis favoritos es Avalanch. En este mismo blog podéis leer las crónicas de varios conciertos suyos (seis, creo recordar), e incluso alguna reseña breve de un disco suyo. Pero además, como redactor de MetalCry he podido entrevistar a Alberto Rionda en dos ocasiones (una de ellas fue en persona y fue muy interesante) y cubrir tres conciertos de Alquimia, su nuevo proyecto. A todo esto, se suma que el año pasado estuve en una masterclass de Rionda, que acabo de ver al grupo abriendo para los Scorpions en Torrelavega y que, también para MetalCry, hice una crítica de su disco El Ángel Caído como clásico.
Sin embargo, hoy no me apetece hablar de nada de esto, sino de la nueva versión que el grupo ha publicado de El Ángel Caído este mismo año, de la que por cierto, mi compañero Quim Heras realizó una crítica muy currada para MetalCry.
Vaya por delante que me gusta mucho la música de Avalanch y también la capacidad de Rionda para rodearse de grandes músicos, de modo que no es muy raro que diga que el disco me gustó. Pero eso sí, con matices.
La versión original de El Ángel Caído, como dije en MetalCry, me pareció uno de los mejores discos de 2001, uno de los mejores álbumes del Metal español y, por supuesto asturiano, y es uno de mis discos favoritos. Precisamente por eso, me parecía que si Alberto Rionda había reclutado a nuevos músicos para Avalanch (tan grandes que le ha añadido la coletilla de All Star Band a este nuevo proyecto), lo mejor sería grabar temas nuevos, y por eso no me acababa de convencer que regrabasen un disco antiguo. Sin embargo, decidí dar un voto de confianza, colaborar en el crowfunding y esperarme lo mejor de un proyecto en el que había grandes músicos involucrados. Cuando lo recibí, me acerqué a él con ilusión y con mucha expectación.
Me puse a escucharlo y, como os podéis imaginar, me encontré a un Alberto magistral, a un Jorge Salán que es de lo mejor que se puede escuchar en nuestro país, a un Mike Terrana que es una auténtica apisonadora, a un Magnus Rosen que toca de manera brutal, a un José Paz que no se lucía demasiado (y que acaba de ser sustituido por Manuel Ramil), y, desgraciadamente, a un Israel Ramos que pone lo mejor de sí mismo, pero que, desde mi punto de vista, pierde en la comparación con Víctor García.
No me entendáis mal. El disco está muy bien, los músicos son muy buenos y el sonido es mucho más actual y muy correcto. Pero solo eso. Le falta la magia de la versión original. Le falta “verdad” en algunos momentos, como en “Xana” o en “Corazón negro”, que parecen interpretados sin el sentimiento necesario. Sigo emocionándome con canciones como “Levántate y anda” o “Tierra de nadie”, pero también siento que les falta algo.
En el disco se incluyen dos bonus tracks, que son otro clásico del grupo, “Torquemada”, que suena muy bien, pero algo carente de garra, y “Crisálida”, una canción nueva que nos da idea de por dónde pueden ir los tiros en sus próximos lanzamientos. En este caso se trata de una canción que recuerda mucho a las que el grupo grabó con Ramón Lage a la voz, y de hecho, como pude ver no hace tanto en Torrelavega, estas canciones son las que mejor canta Isra, frente a otras como las de El Ángel Caído, que, aunque él lo da todo, no terminan de quedar tan bien como nos gustaría.
No obstante, prefiero esperar a que el grupo grabe un disco compuesto solamente por canciones nuevas para pronunciarme sobre esta nueva versión de Avalanch. 


lunes, julio 17, 2017

No es tan sencillo

Hola a todo el mundo:
No sé si habéis leído el artículo de Pérez-Reverte del día 2 de julio, en el que habla de la historia de su tío Lorenzo, que durante la Guerra Civil combatió primero en el bando republicano y luego se fue a combatir en la División Azul a Rusia durante la Segunda Guerra Mundial. Con ese artículo, Reverte abunda una vez más en la idea de que los dos bandos eran iguales y que tan buenos o malos fueron unos como los otros. Y eso está muy bien… desde su punto de vista.
De hecho, el otro día estuve tomando algo con un colega historiador, Miguel Menéndez, y estuvimos comentando ese artículo, así que muchas de las cosas que voy a escribir ahora salieron de esa conversación y son tan de autoría suya como mía.
Reverte sabe mucho de Historia porque ha leído mucho, pero eso no lo convierte en historiador porque le falta cierta metodología de análisis que un historiador debe tener, y por eso me decidí a escribir este texto. Voy a pasar por alto el hecho de que llame al historiador Ángel Viñas “sectario” y que diga que está “poco informado”, que llame historiador a Pío Moa, o que los ponga a los dos al mismo nivel, y me voy a centrar en la metodología, que para eso yo sí soy historiador.
Para empezar a hablar de cualquier tema de Historia, como la propia Guerra Civil, aparte de las lecturas y las reflexiones, hace falta, como dije hace un momento, una cierta metodología de análisis, que nos lleva a considerar que ser objetivo no es lo mismo que ser equidistante.
Poner a su tío Lorenzo como ejemplo de la gente de la época no es un análisis válido, porque como él seguro que hubo muchos, es verdad, pero sobre todo porque debemos recordar (y ya lo decía Marc Bloch precisamente en aquellos tiempos) que los protagonistas de la historia son “los hombres”, los grupos sociales, y no los personajes individuales, y por eso el análisis no es tan sencillo como los adalides de la equidistancia nos quieren hacer creer.
La Segunda República, con todos sus fallos, era un régimen legítimo, y en 1936 hubo unas elecciones en las cuales resultó ganador el Frente Popular. Pero lo que pasó después no fue una riña de aficionados al fútbol, sino algo bastante más grave. Fue que un grupo de personas no aceptó el resultado de las elecciones y dio un golpe de Estado para intentar subvertir el orden político legítimo. A pesar de que los sublevados consiguieron controlar algunas zonas, el golpe fue un fracaso, y por eso después los rebeldes llevaron a cabo una guerra de conquista sobre el resto de los territorios del país. A partir de ese momento, ya podemos darnos cuenta de que, en el estallido de la guerra, no podemos hablar de que los dos bandos fueron iguales.
En lo que se refiere a la represión en ambas zonas, es cierto que se llevaron a cabo verdaderas barbaridades por parte de ambos bandos. Sin embargo, debemos recordar que el bando republicano representaba a un Gobierno legítimo, así que, muchas de las ejecuciones que se llevaron a cabo lo fueron de acuerdo a la legislación vigente en ese Gobierno, en la cual se incluía la pena de muerte para los actos de traición. Sin embargo, el bando sublevado (observad que me niego a utilizar el término "nacional” para referirme a los sublevados, porque me parece un término falaz) se acogía a una legislación propia que no era la de Gobierno alguno, así que no podemos considerar que fueran penas legítimas.
La divulgación histórica es muy importante, pero más importante es que sea una divulgación rigurosa y bien hecha. Por eso, a pesar de la utilidad que puedan tener en ocasiones los textos de Reverte sobre estos temas, no siempre vamos a poder aceptarlos, y menos si, como en este caso, se sirve de un caso particular, el de su tío Lorenzo, para intentar convencernos de que todos eran iguales.
Porque no es tan sencillo.

Representación de Clío, musa griega de la Historia.
Imagen de dominio público tomada de aquí.

viernes, junio 30, 2017

Es real, aunque no les guste

Esta semana, el documentalista Antonio Maestre publicó en La Marea un artículo titulado “Amor de clase” en el que cuenta su infancia en un barrio de la periferia de Madrid, un artículo que a mí, por cierto, me gustó bastante, porque refleja una infancia que me recuerda a la mía. Yo también viví en un barrio periférico, de una ciudad de provincias en mi caso, un barrio industrial, obrero y también reivindicativo, aunque mi infancia se desarrolló ya durante la época de la reconversión industrial. Por eso, porque yo recuerdo de dónde vengo, también siento algo parecido a ese “amor de clase” al que Maestre se refiere. No siempre estoy de acuerdo con lo que escribe, pero en este caso sí, incluso podemos decir que ese texto “me llegó”.
Por eso me molestó profundamente el hecho de que, después de que este artículo fuera publicado, una buena cantidad de personas empezaran a criticarlo. ¿Y por qué lo critican? Pues veámoslo:
Algunas personas lo critican porque aseguran que no está contando algo real, o mejor dicho, dicen que lo que cuenta no responde a lo que ellos consideran real (o a lo que ellos, desde su burbuja casi privilegiada, consideran que es real). En este caso, creo que es porque no lo han entendido. Maestre está contando su experiencia, que puede no ser la misma de otras personas, pero que es real, aunque haya personas a las que no les guste.
Sin embargo, otras personas lo critican porque dicen que es un hipócrita que presume de orígenes obreros y luego se hace fotos con un iPhone de 700 euros. Y aquí yo me pregunto qué tiene que ver una cosa con la otra. En ningún lugar se dice que para ser de izquierdas u obrero haya que ser pobre, y por lo tanto, mientras el dinero se gane honradamente, nada impide comprar lo que se quiera. No obstante, como ya escribí en otra ocasión, desde mi punto de vista cuando se critica a alguien de izquierdas por tener un iPhone (o comer marisco o lo que sea) no se hace porque sea moralmente reprobable que lo haga, sino porque se nos está diciendo de manera implícita que esas cosas (esos “lujos”) no son para los trabajadores, sino para los demás, para la “gente de orden”.
Sinceramente, a mí me parece que los que critican a Maestre por declarar su “amor de clase” no hacen sino aprovechar para demostrar su “odio de clase”.

La imagen, de dominio público, es un detalle del cuadro El cuarto estado, pintado en 1901 por Giuseppe Pellizza da Volpedo, tomada de aquí.

lunes, junio 19, 2017

Reflexiones sobre el milenio


Hace más o menos una semana descubrí que soy un millenial. La verdad, las etiquetas generacionales siempre me habían parecido una soberana tontería, porque suponen reducir a una colectividad de personas a algo tan arbitrario como una fecha de nacimiento. Bien sé que, como decía el maestro Bloch, “los hombres se parecen más a su tiempo que a sus padres”, pero no por eso vamos a ser todos los que formamos parte de una misma “generación” homogéneos en todo. No cabe duda que compartimos contexto y posibilidades, pero después cada uno tiene sus propias experiencias, referentes e inquietudes, y por eso no creo que podamos ser homogéneos.
Digo que hace algunos días descubrí que soy un millenial porque en El País (ese periódico cada vez más alejado de la idea que todos teníamos de él) se publicó un artículo de Antonio Navalón titulado “Millenials: Dueños de la nada” en el que presenta a los nacidos entre 1980 y 2000 como hedonistas, sin inquietudes y responsables de todos los males de nuestra sociedad.
A lo largo de la pasada semana otros blogueros respondieron a ese ataque tan gratuito con muchas ganas y, sobre todo, con argumentos muy bien hilados, y, después de varios días de reflexión, me decido a dar también mi opinión sobre tamaño despropósito.
En ese artículo, el señor Navalón, aparte de diferenciar la generación del baby boom y la de mayo del 68 (que en realidad son la misma), realiza un listado de lugares comunes sobre aquellas personas que tenemos entre veinte y treinta y pico años, básicamente para decir que no somos tan molones como su generación. Nos acusa de la llegada al poder de gente como Trump, cuando, en realidad, sus votantes son principalmente gente mayor que nosotros. Nos acusa de la crisis, que en realidad se debe a unas estructuras económicas y políticas que fueron desarrolladas por su generación, sobre todo porque la gente de mi edad todavía no ha llegado mayoritariamente a controlar el poder político ni económico, a pesar de haber sido la contestataria generación que alumbró movimientos como el 15-M (que, por cierto, ni menciona). Entonces, si está tan claro que no le caemos bien, aunque no tiene ni la más remota idea de quiénes somos, ¿por qué pierde su valioso tiempo escribiendo de nosotros y, sobre todo, qué se supone que tenemos que hacer para ser tan “molones” como los de su generación?
Desde mi punto de vista, el artículo de Navalón no es más que otro ejemplo de personas superadas por una evolución social (y también tecnológica) que están muy lejos de comprender, y por eso, se dedican a denostarla sin ni siquiera molestarse en conocerla. Recordemos que hace ya cosa de dos mil años, el orador romano Cicerón dijo “Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros”, lo que viene a ser una postura muy similar y, desde luego, nada novedosa.
Lo que el señor Navalón y quienes decidieron que su artículo merecía ser publicado deberían hacer es acercarse a esa denostada generación millenial para intentar descubrir lo que podemos aportar. O mejor dicho, lo que ya estamos aportando.
Tal vez pudiera aprender algo.

jueves, junio 01, 2017

La vida no es sencilla para las gentes sencillas

Hola a tod@s:
Desde hace algunos meses llevo viendo en las redes sociales recomendaciones de la novela El ojo vago, de Xandru Fernández, con el que trabajé en el Instituto Fernández Vallín de Gijón. Pues bien, hace algunas semanas, compré ese libro en el mercadillo que se hizo en el centro en el que trabajo ahora, y me lo leí en pocos días. Y me parece muy interesante y, sobre todo, muy recomendable.
La novela, la primera del autor en castellano (antes había escrito en asturiano), nos narra la historia y la rivalidad de dos hombres a lo largo no de su vida, sino de sus sucesivas reencarnaciones, en un relato tan original como sorprendente en el que gentes sencillas se mezclan con personajes determinantes en la Historia y la cultura universal.
Un texto agradable de leer y que, sobre todo, nos lleva a reflexionar sobre muchos temas.
Os va a gustar y, sobre todo, os va a sorprender. 


lunes, mayo 29, 2017

Historia, Twitter y peligros públicos

Hola a todo el mundo:
Hace varias semanas, quizá ya un par de meses o poco más, toqué fondo como historiador. Sí, porque, a través de Twitter, me enfrasqué en una breve discusión con un historiador revisionista que me supuso perder mi tiempo y mis energías. Resulta que ha sido publicado un libro en el cual se asegura que en las elecciones de 1936 hubo irregularidades en algunas circunscripciones, lo que según la lógica de los autores revisionistas, habría hecho que las elecciones las ganara ilegalmente el Frente Popular, lo que, a su vez, justificaría el golpe de Estado de Franco que dio lugar a la Guerra Civil (por cierto, aquí os dejo una crítica a ese libro).
Yo tuve la mala idea de responder a su tuit con una pregunta retórica con la que intentaba dar medida de lo simplista de su argumento, pensando que alguien con tantos seguidores y tantos detractores ni se molestaría en responderme. Pero resulta que sí lo hizo, pero con una falacia ad hominem con la cual, en lugar de responder a mi pregunta, me atacaba, diciendo que si tenía que preguntar, no sería muy buen historiador y que mis alumnos estaban apañados conmigo. No obstante, yo no quise dar demasiadas vueltas al tema, él se limitó a decirme que dejara de leer a historiadores de prestigio internacional para leerlo a él, y la cosa no fue más allá.
Sin embargo, uno de sus seguidores sí que tenía ganas de gresca y empezó a lanzar varios tuits diarios para discutir conmigo, utilizando las personas que sigo en la red o los retuits que hago como elementos de ataque, olvidando que podemos seguir a gente con la que no estamos del todo de acuerdo o que podemos retuitear algo que nos parece interesante de gente con la que podemos estar en desacuerdo en otros muchos asuntos.
Pero lo que más me llamó la atención es que me atacó por mi artículo sobre Fidel Castro, diciendo que en él yo era condescendiente con el dictador. Y lo divertido es que en ese artículo yo decía que Castro había sido el dictador de un régimen en el que se violaban los Derechos Humanos, así que poca condescendencia creo que tuve. Luego, el buen caballero me dijo que yo era un peligro público en las redes sociales y en las aulas. A mí, que, como mucho, me conformo con ser una pequeña molestia. Por supuesto, después de decirle que me sobreestimaba porque mi trascendencia no era la suficiente como para ser considerado un peligro público, decidí dar la discusión por zanjada.
No obstante, desde entonces llevo dándole vueltas a ese episodio, y me he dado cuenta de que el verdadero problema no es que dijera que yo soy un peligro público: el verdadero problema es que esa persona deja de leer no solo lo que yo escribo, sino que también deja de leer lo que escriben otros muchos buenos historiadores, a la vez que lee y da pábulo a las teorías en ocasiones disparatadas de autores mucho menos fiables.
Entonces, desde mi punto de vista, el problema lo estamos creando los verdaderos historiadores, que dejamos de lado la divulgación y permitimos que la lleven a cabo personajes que sí son verdaderos peligros para la sociedad por sus teorías ajenas al rigor y a la verdad. Autores que, además, escriben y hablan con tanto aplomo que consiguen convencer a quienes no tienen demasiados conocimientos de que sus posturas son las únicas válidas y de que todas las demás son erróneas y directamente nocivas. Llegados a ese punto, consiguen convencer a sus seguidores de que ya no necesitan leer ni aprender más, de modo que éstos dejarán de hacerlo, y así, finalmente, se consigue que una teoría alternativa, errónea y que a veces justifica golpes de Estado y dictaduras, se convierta en una teoría aceptada por muchas personas y que en ocasiones se considerará al mismo nivel que las teorías de los historiadores serios.
Y eso sí que es verdaderamente peligroso.

 Representación de Clío, musa griega de la Historia. Imagen de dominio público tomada de aquí.

jueves, mayo 25, 2017

Los cinco discos de mi vida

Hola a todo el mundo:
Hace ya cosa de cuatro años y medio que escribo para MetalCry y, en este tiempo, he tenido también la posibilidad de conocer a gente de otros medios, como Subterráneo Heavy, Diario de un Metalhead, The Drinktim, MetRock o La Nave del Metal, llegando incluso a colaborar con algunos. Y en varias ocasiones ya, en Subterráneo llevaron a cabo una iniciativa muy interesante en la que pidieron a músicos o a compañeros de otros medios que les dijeran cinco discos que les hubieran cambiado la vida. Desde que lo vi, pensé que era algo interesante, así que aquí os dejo los míos:

A mucha gente le puede parecer extraño, pero quien me conoce bien de verdad sabe que Michael Jackson fue, durante mi infancia y mis primeros años de adolescencia, mi cantante favorito. De hecho, fue el primer cantante “de verdad” que escuché.
Bad fue un álbum que escuché en cinta hasta que me lo aprendí de memoria: cada melodía, cada palabra que creía entender (porque todavía no hablaba inglés), cada guitarreo… Me lo sabía todo, e incluso llegué a tener el cortometraje de la canción que titulaba el disco grabado de la tele en un VHS que me acompañó muchos años.
Sigue siendo un disco imprescindible.

Guns n’ Roses: Apetite for destruction

Y a Michael Jackson debo también mi amor por el Rock, y de hecho, si empecé a escuchar Rock fue precisamente por Jacko, porque con él colaboraba Slash, guitarrista de los Guns n' Roses, así que, cuando me encontré en la biblioteca del barrio con un disco de los Guns, me lo llevé a casa. No recuerdo si era el GNR Lies o el Use your illusion II, pero sí sé que me encantó. Pero cuando escuché el Apetite for destruction, todo lo que me habían gustado esos discos se vio superado por un disco que iba mucho más allá.
Apetite for destruction es, todavía hoy, un álbum sobresaliente de principio a fin, que nos muestra a cinco músicos en un estado de forma impresionante y que eran capaces de crear verdaderos himnos inmortales a peser de que, como grupo, eran, como dice un amigo mío, completamente disfuncionales.
Sin duda, un disco que me llevaría a una isla desierta.

Iron Maiden: Killers
Iron Maiden fue otro de esos grupos que descubrí en mis años de instituto, y que, desde el primer momento, se convirtió en uno de mis favoritos. Actualmente, los he visto a ellos con Bruce Dickinson a la voz, y, en solitario, he visto a Paul Di’Anno (su cantante original) y a Blaze Bayley (su tercer cantante),  y siempre los he adorado. Tengo incluso singles suyos, alguno en vinilo. Pero la magia de Killers es muy superior a la de otros discos suyos. Un disco cañero y macarra con el que demuestran su capacidad para crear grandes temas. Otros discos posteriores fueron muy grandes también y técnicamente superiores a este, pero el que más me llena es Killers.

Metallica: …And justice for all
Es el primer disco que escuché de Metallica y no me entró a la primera, reconozco que me resultó muy difícil de escuchar. Sin embargo, cuando por fin le cogí el gusto, me di cuenta de que eso era lo que me gustaba de verdad. Canciones oscuras, riffs crujientes, melodías hipnóticas, James cantando con mucha mala leche… eso es este disco. Bueno, y también un bajo que no se escucha casi nada, jajaja.
Puedo decir sin ningún atisbo de vergüenza que este disco me cambió la vida. Si no lo hubiera escuchado cuando tenía diecisiete años, no sé qué escucharía ahora.

Los Suaves: San Francisco Express
“Tienes que escuchar este disco”, me dijo alguien que todavía es amigo mío un día en su casa, cuando estábamos en el instituto. Y acto seguido, me puso la cassete. Desde el primer momento quedé asombrado al escuchar a una banda española haciendo eso. Canciones grandilocuentes y con solos interminables me enamoraron y, desde entonces, me convertí en un fan completo de Los Suaves, a los que vi diez veces en directo, de los que tengo muchísimos discos y de cuyo guitarrista, Alberto Cereijo, vi una masterclass el pasado verano.
Sin duda, uno de mis discos de cabecera.

Podría hablar de muchos discos más que son muy especiales para mí, como el Agotarás de Saratoga, por ejemplo, o el Made in Japan de Deep Purple, pero estos cinco son y llevan mucho tiempo siendo mis favoritos.

lunes, mayo 22, 2017

Gestación de alquiler

Hola a tod@s:
Desde hace algún tiempo se habla de un concepto que, sin embargo, no hace mucho que nos era totalmente desconocido: el de la gestación subrogada. No obstante, esas palabras no son sino una forma fina y elegante de nombrar a algo que sí conocíamos por las películas: el de los vientres de alquiler.
Cuando nos hablan de gestación subrogada nos hablan de la posibilidad de que las mujeres puedan ganar dinero gestando los hijos de parejas que no pueden (o no quieren) tenerlos, presentándolo como un avance y una posibilidad de desarrollo profesional.
Sin embargo, yo creo que no es tan sencillo. Desde luego, siempre habrá mujeres que se presten a hacerlo si no les sale otra cosa para trabajar. Pero, precisamente, se tratará de personas sin otros recursos ni posibilidades, lo que significa que serán personas pobres que estarán gestando para otras más acomodadas, que serán las que podrán pagar por el servicio. Por mucho que nos digan, en este caso no estaremos hablando de verdadera libertad de elección de trabajo, y, por lo mismo, tampoco veremos a una mujer de extracción social acomodada siendo gestante subrogada para una pareja de orígenes más humildes.
Además, cuando se habla de la gestación subrogada, muchas veces se habla del supuesto derecho a ser padres cuando, en realidad, no existe tal derecho. Son los niños los que tienen derecho a tener padres, pero los adultos no tienen derecho a tener hijos, y, en caso de que sí lo tuvieran, siempre podrían adoptar, cosa que, sin embargo, parece que a mucha gente no se le ocurre.
Es un tema muy complejo, pero, a pesar de eso, desde mi punto se trata, una vez más, de un tema en el que se intenta introducir una idea falaz de libertad para justificar lo que no sería sino una nueva forma de explotación. 
O eso creo.

 Imagen de dominio público tomada de aquí.

Un texto para reflexionar:
González Suárez, A. (2015): "De tumba a útero", Investigaciones feministas, vol. 6: 39-59.

viernes, mayo 19, 2017

Cocinando explotación


Hola a todo el mundo:
Supongo que habréis escuchado que hace algunas semanas varios chefs de prestigio reconocieron que tienen a becarios (me niego a utilizar la palabra en inglés que ellos usan) trabajando para ellos a cambio de nada, o, como mucho, de un alojamiento precario. Vergonzoso, ¿verdad?
No voy a ser tan maniqueo de olvidar que esas condiciones laborales se dan en otros muchos sectores económicos, o que incluso yo mismo llegué a trabajar en condiciones similares. Pero tampoco voy a dejar de decir que esos chefs de prestigio no están trabajando por sueldos “normales”, sino que cobran sueldos elevados, o que a sus clientes les están cobrando precios muy elevados. Y tan elevados son tanto sus sueldos como las cuentas que su clientela abona, que incluso de ellos se ha podido comprar una vivienda muy, pero que muy cara, a la vez que dice que, si todos sus trabajadores cobraran, su negocio no sería viable. Entonces, sí que creo que es destacable la hipocresía y, sobre todo, la falta de ética.
¿Por qué digo esto? Pues porque en realidad, ese chef no nos está diciendo que su negocio no sea viable sin trabajadores no remunerados, sino que los niveles de ganancia y enriquecimiento a los que él aspira no se podrían alcanzar si pagase a sus trabajadores. Entonces el problema no es tanto el modelo de negocio que busca, sino el enriquecimiento que quiere conseguir.
Ahí veo yo el problema.
Foto de David Monniaux (2005) tomada de aquí.