martes, enero 29, 2019

Cine y música de la mano


“Estoy a punto de levantarme y ponerme a bailar”. Esto me lo susurró C. cuando hace algunas semanas estábamos en el cine viendo la peli Bohemian Rhapsody, el biopic de Freddie Mercury y Queen. Y, la verdad, le peli lo merece.
Bohemian Rhapsody es una película que, como nos está contando la historia de un grupo de Rock y, más concretamente, de su legendario vocalista, está cargada de ritmo y de música, aunque no siempre de buen rollo.

Desde los primeros momentos, cuando aparece el logo de Twenty Century Fox, ya vemos que va a ser algo especial, porque se cambia la fanfarria de esa cortinilla por una interpretada a la guitarra, y en la “O” de “Fox” se dibuja lo que podrían ser los dientes de Freddie.
Pero hablando de la película, en cuya producción estuvieron involucrados Brian May yRoger Taylor, guitarrista y batería del grupo respectivamente, para cualquier aficionado a la música es muy interesante ver la gestación de algunas de las canciones más míticas de Queen, pero también se echa de menos algo más de protagonismo de los otros tres miembros de la banda. Los minutos finales, con la representación de su actuación en el Live Aid son, directamente, impagables.
Sí es verdad que eché de menos que profundizara más en algunas cuestiones del contexto en el que surge la banda (aunque sí se deja entrever algo del racismo de la época), y también en algunos detalles frikis sobre los músicos, pero, en general, es una película bastante correcta.
Evidentemente, en la peli se toman un montón de licencias, ya que las cosas no fueron exactamente como aparecen ahí, pero eso no impide que sea una película muy interesante y que gustará tanto a los fans del grupo como a quienes se quieran acercar a él por primera vez.
Muy recomendable.

miércoles, enero 02, 2019

El libro del año 2018


Hola a todo el mundo, y feliz año:
2018 ha sido, sin duda, el año que más leí. Muchas novelas, libros de Historia, de Geografía, de Arte, de música, ensayos políticos… También cómics. Tanto en castellano como en inglés. Claro, los viajes en tren dan para mucho y se puede leer tranquilamente. Leí tanto que hubo un momento en el que no sabía qué libro podía escoger como mi favorito del año. “¿Cómo puedo escoger”, pensaba, “entre libros tan diferentes?”
Pues resulta que, al final, la decisión me llegó al final del año. Con un libro que no solo no pensaba leer, sino que ni siquiera conocía el día de Navidad. Porque mi libro del año 2018 es Los niños de humo, de Aitana Castaño con dibujos de Alfonso Zapico.
Mari, de Diario de un Metalhead, me escribió para decirme que había estado en la presentación de ese libro en Mieres y para decirme que al día siguiente se iba a presentar en Oviedo. Me recomendaba vivamente que asistiera yo también. Me acerqué, y me encontré con una presentación muy divertida y muy dinámica, y también con un libro que prometía mucho. Lo compré, esperé la cola para que la autora y el ilustrador me lo firmaran y me lo leí (mejor dicho, lo devoré) en dos días.
Los niños de humo es un libro de relatos con historias de las cuencas mineras de Asturias, esas cuencas en las que ya no quedan minas abiertas. Historias que, si bien no son todas reales, sí que son realistas, porque hablan de unas personas que existieron, y de unas formas de vida que, aunque se perdieron ya, todavía se recuerdan. Historias duras, divertida alguna, trágicas otras, … pero todas ellas auténticas, con una verdad que se nota y se saborea en cada palabra.
Un libro muy recomendable que nos recuerda lo que Asturias fue y todavía es.


Otros libros muy recomendables que leí este año:
  • GB84, de David Peace, sobre las huelgas mineras en la Gran Bretaña de Thatcher.
  • La trampa de la diversidad, de Daniel Bernabé, un ensayo político muy interesante y, sobre todo, muy útil para entender la realidad actual.

lunes, diciembre 03, 2018

Esperemos que no sea Andalucía entera

Hola a todo el mundo:
El pasado día 2 de diciembre fueron las elecciones autonómicas en Andalucía, y el resultado, ya lo sabéis, fue que el PSOE, aun siendo la fuerza más votada, perdió muchos escaños. También los perdió el Partido Popular, aunque parece que se presenta como la fuerza que puede aspirar a gobernar si consigue pactar con Ciudadanos y VOX, que han conseguido un enorme avance en votos. Supongo que ahora al PP ya no le parecerá tan prioritario que gobierne la lista más votada.
Es interesante comentar también el retroceso de Adelante Andalucía, la marca bajo la que se presentaba en coalición Podemos e Izquierda Unida, que consiguieron menos escaños que si hubieran ido cada una por su lado.
Sin embargo, lo que me parece más interesante es lo baja que fue la participación, ya que alrededor de dos millones de votantes se quedaron en casa. Eso significa que esas personas no se sintieron atraídas por el mensaje de los partidos y, por tanto, que los partidos no supieron conectar con esas personas.
Por otro lado, el ascenso de la ultraderecha sí me parece preocupante. VOX, con un programa en el que no se hacía referencia alguna a Andalucía, ya que su proyecto es nacional y quieren eliminar las autonomías, ha conseguido ser la llave del Gobierno, a pesar de sus mensajes homófobos, racistas, machistas y neoliberales en lo económico. Un ascenso por el que les ha felicitado incluso Marine Le Pen, la líder de la ultraderecha francesa.
Ahora es el momento de la autocrítica. De que la izquierda se pregunte qué ha pasado para perder votos y para que un porcentaje tan elevado del electorado decidiese abstenerse. Hay que empezar a pensar si un discurso basado en citas de series de la tele conecta realmente o si lo más sensato sería hablar a la gente de lo que le interesa: empleo, vivienda, sanidad, educación…
En definitiva, es el momento de que la izquierda vuelva a hacer política, porque si no, serán otros partidos los que puedan hacerla.
Y no sé si nos gustará la política que quieren hacer…
 Imagen: Reparto de escaños en Andalucía, comparada con la de 2015, tomada de aquí.

lunes, noviembre 12, 2018

La trampa de la diversidad


Uno de los últimos libros que me he leído es La trampa de la diversidad, un interesante y documentado ensayo de Daniel Bernabé que me hizo replantearme muchas cosas sobre la izquierda y su papel en la política actual. Además, la presentación que hizo hace algunas semanas en Oviedo me permitió escuchar muchas de sus reflexiones en vivo, haciendo así que el interés que ya tenía por su libro fuera todavía mayor.
Desde un punto de vista que, en ocasiones, me da la sensación de que es un tanto pesimista, el autor plantea una cuestión que me parece muy acertada: la izquierda parece abandonar el discurso de clase para orientarse hacia reivindicaciones que podríamos definir como “sectoriales”. Estas reivindicaciones sectoriales, como la lucha feminista, o la reivindicación de los derechos del colectivo LGTBI, si bien son importantes, no se integrarían en una estrategia global que relacionase esas luchas entre sí, lo que hace que la lucha se atomice. A la vez, al no integrar esas reivindicaciones dentro de un discurso de clase, de clase trabajadora, parece que también se pierde la propia identidad de la izquierda.
Según Bernabé, toda esta atomización del discurso de izquierda respondería, en realidad, a un interés neoliberal por fragmentar las luchas de la izquierda a través de una serie de ideas que priorizan el individualismo frente a la conciencia común.
Al plantear estas cosas en su texto, el autor ha recibido numerosas críticas, que, desde mi punto de vista, son totalmente inmerecidas. A través de un análisis muy documentado, lo que Bernabé hace es describir esa atomización de las diferentes “luchas” que se están llevando a cabo desde la izquierda, atomización que, nos dice, estaría muy vinculada al actual neoliberalismo, que habría eliminado la identidad de la clase trabajadora y sería en parte la responsable de esa atomización, a través de una deliberada apropiación de las diferentes “luchas” y de sus iconos, como por ejemplo de la lucha feminista y de figuras como la de Frida Kahlo. Y, desde mi punto de vista, tiene toda la razón, ya que estamos viendo como a diario dedicamos mucho tiempo a hablar de cosas que, aunque son muy importantes también, no relacionamos entre sí dentro de una estructura global, a la vez que dedicamos menos tiempo a plantearnos cuestiones que afectan más directamente a nuestra vida, como los bajos salarios.
Pero además, lo que sería verdaderamente grave es que, a la vez que la izquierda olvida el discurso de clase, la derecha, aunque no lo exprese de manera explícita, lo sigue manteniendo, y así vemos como el recientemente elegido Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, recibió apoyos de personas de color, como el futbolista Ronaldinho, a pesar de que Bolsonaro es abiertamente racista. Eso se debería a que, para esas personas, es más importante la clase social (alta), que la raza, y por eso votaron por Bolsonaro.
Pero, aparte de todo esto, desde mi punto de vista, el mayor valor del libro de Bernabé consiste en haber planteado un debate sobre la izquierda en la actualidad que nos debería llevan a replantearnos nuestra estrategia dentro de la izquierda, siendo autocríticos con nuestra postura y buscando una estrategia globalizadora. Ya solamente por eso vale la pena leerlo.
Un libro para leer con atención, para subrayar mucho y, sobre todo, para reflexionar mucho.


miércoles, octubre 17, 2018

Cuaderno de viaje: Barcelona (12-14 de octubre de 2018)


Preparativos:
Una vez más, la idea original de pasar el doce de octubre tuvo que cambiarse, y así, de pensar en ir a Sevilla, al final nos decidimos por ir a Barcelona, y el motivo, esta vez, fue claramente uno económico: los vuelos a Sevilla nos salían escandalosamente caros, así que nos planteamos un destino más barato. O mejor dicho, uno en el que los vuelos y el alojamiento nos resultaran más baratos. Así que la noche del once de octubre nos acostamos pronto, que al día siguiente había que madrugar.

Día 12:
El despertador sonó muy temprano el viernes, tal vez demasiado. Pero claro, para coger el avión a la hora que teníamos pensado, teníamos que coger un autobús también muy pronto, así que cuando todavía no había amanecido, nos dirigimos a la estación de autobuses (encontrándonos con un colega por el camino). Un autobús al aeropuerto, un vuelo que salió con alrededor de media hora de retraso y a media mañana estábamos en Barcelona.
Pillamos la Travel Card, una tarjeta turística que nos permitía usar el transporte público de la ciudad, y nos zambullimos en el metro, muy limpio y eficiente. Llegamos al hotel, dejamos las maletas en su consigna y a callejear.
Lo primero que vimos fue que el recinto modernista de San Pau estaba muy cerca del hotel, así que allí nos dirigimos, para echarle un vistazo, aunque sin entrar. Luego, nos adentramos en la avenida de Gaudí, que nos llevaría directamente a la Sagrada Familia, y justo en ella nos encontramos con un antiguo compañero de instituto. Si es que al final nos encontramos con gente en todas partes.

Llegamos a la Sagrada Familia, pero en realidad la entrada para verla la teníamos para el día siguiente, así que simplemente habíamos ido para saber como llegar y tener claro que se podía llegar sin problemas desde el hotel. Después, buscamos donde comer y volvimos al hotel a descansar.
Por la tarde volvimos al metro para acercarnos hasta el Museo Egipcio, no sin antes pasar por delante de la Casa Milá. En el Museo estuvimos un buen rato recorriendo sus salas, muy bien explicadas y muy claras. De allí, nos acercamos hasta la Casa Batlló



Luego, después de tanta cultura, nos fuimos hasta una cervecería que nos habían recomendado para tomar algo, y luego a otra para cenar y seguir tomando birras. Al metro y al hotel a descansar, que estábamos destrozados.

Día 13:
El sábado amaneció gris y amenazando lluvia, pero eso no impidió que, después de desayunar, cogiésemos el autobús para subir hasta el Parque Güell. Como llegamos antes de la hora a la que teníamos la entrada a la Casa Museo de Gaudí, estuvimos un rato largo recorriendo el parque y admirando los diseños de Gaudí. Luego a la Casa Museo, en la que pudimos conocer más la obra de este artista, y en la que, al final, nos acabamos comprando un par de libros. No tenemos remedio.

Autobús otra vez y volvimos al hotel para dejar lo que habíamos comprado. Otra vez al metro, para acercarnos al centro. En una pastelería compramos unos dulces de piñones típicos de la fiesta de Difuntos para controlar la gusa. Nos pusimos a patear la Rambla de Catalunya y entonces vimos un sitio con buena pinta para tomar una cerveza. Durante el tiempo que estuvimos allí, la lluvia descargó con fuerza, así que finalmente decidimos comer también allí.
Esquivando como podíamos la lluvia, salimos de allí en dirección a la Sagrada Familia, y no nos quedó más remedio que buscar un sitio cerca del templo para poder tomar un café y esperar a que escampara. Por fin, la lluvia paró y pudimos dar una vuelta alrededor de la Sagrada Familia antes de entrar. Y justo al dar la vuelta vimos una tienda de turrones y chocolates de la que habíamos oído hablar y que nos dio una idea para después de la visita.

Entramos en la Sagrada Familia y estuvimos un rato muy largo visitándola. La cantidad de detalles, la simbología, la luz de su interior… todo es muy diferente a cualquier otra iglesia que podamos conocer. No nos dejó indiferentes.
De allí salimos y, antes de volver al hotel, nos metimos en la tienda que habíamos visto antes, que el chocolate también es algo muy interesante, ¿verdad?
Al hotel al descansar un buen rato, que para el resto del día no tenemos nada mejor que hacer.
Eran alrededor de las siete o las ocho cuando volvimos a salir del hotel para lanzarnos al metro, en dirección al Mercado de la Boquería. Justo salimos del metro allí mismo y nos dimos cuenta de que el Mercado está justo enfrente del Museo Erótico. No entramos, que seguro que hubiera sido divertido…
Una breve mirada a un Mercado que estaba ya cerrando y buscamos una cervecería que nos habían recomendado para tomar algo. Luego, a otra para, además de tomar cerveza, cenar algo.
Después de cenar, nos recorrimos Las Ramblas hasta llegar a la estatua de Colón, pasando por delante del Liceo y del Museo de Cera. De allí al hotel.

Día 14:
No madrugamos demasiado, que tampoco había demasiada prisa. Después de desayunar y de recoger nuestras maletas nos lanzamos al metro por última vez para ir al aeropuerto. Esta vez el avión salió más o menos a su hora, así que a eso de las dos y media estábamos en Asturias. Comimos algo rápido, cogimos un autobús y a las cuatro ya estábamos en casa metiendo ropa sucia en la lavadora.

En definitiva:
Barcelona es una ciudad muy chula, con mucho que ver y en la que echamos de menos el tener algo más de tiempo para visitarla en condiciones. El legado de Gaudí está en casi cada esquina de la ciudad, y eso hace que sea una ciudad cargada de encanto.
Mucho nos tememos que más pronto que tarde vamos a volver…