martes, noviembre 19, 2019

Cerrando heridas


Una de las noticias de estos últimos meses fue la exhumación del dictador Francisco Franco de su mausoleo en el Valle de los Caídos. Y, desde mi punto de vista, ya era hora.
Una alumna me preguntaba en clase que por qué se había hecho. Y yo, aprovechando que estábamos en el tema de la Geografía Política, le dije que en un país democrático no tendría por qué haber un monumento que honrase a un dictador. No consideré necesario dar más explicaciones ni creo que hiciera falta que las diera.
Después, hablando con un compañero, que sabe más que yo y cuyo compromiso intelectual respeto profundamente, me dijo que, si bien esta exhumación no era urgente (como ya queda claro por el tiempo que pasó), sí era necesaria.
Era necesaria para cerrar de una vez las heridas de quienes no quieren ver a un dictador enterrado con honores. Era necesaria para cumplir con la Ley de Memoria Histórica. Y es necesaria porque es un primer paso para dejar esa oscura página de nuestra Historia cerrada. Un paso pequeño, sí, pero un paso importante.
Además. Ya que el gobierno no va a derogar la reforma laboral ni la LOMCE y parece que va a abaratar el despido, por lo menos, que cumplan alguna promesa electoral.

miércoles, octubre 30, 2019

Unas reflexiones y una pregunta


A pesar de lo que pudimos ver en los medios de comunicación estas últimas semanas, ni España es Siria ni Barcelona es Alepo. Sin embargo, sí vimos una serie de disturbios que demuestran que la situación está bastante más caldeada de lo que nos gustaría.
Hace ya algún tiempo dije (no recuerdo si en este blog o en alguna conversación con más gente) que el crecimiento del independentismo en Cataluña durante los últimos años no respondía más que a un intento por parte de su gobierno de que la gente olvidara que sus recortes y su política eran iguales a los que se planteaban desde el gobierno central, tapando eos recortes con la bandera. No obstante, los acontecimientos de los últimos tiempos han servido para enconar toda esta situación, y, desde mi punto de vista, van a tener consecuencias a corto, a medio y a largo plazo.
A corto plazo, la cuestión de la unidad del estado va a ser central en la campaña electoral que se avecina, dejando de lado cuestiones tan importantes como las pensiones, la educación, el desempleo o la sanidad. Y todo esto puede llevar a que los partidos de derechas, que son los que mejor manejan esas cuestiones, crezcan mucho más de lo que nos gustaría.
A medio plazo, el crecimiento del independentismo va a ser imparable, porque Torra y compañía ya han conseguido que se olvide su política y la gente se centre solamente en la cuestión independentista. Y eso puede llevar a que, a largo plazo, se lo tomen todavía más en serio.
Por todo ello, y partiendo de la base de que no me gustaría que Cataluña se independizara, me gustaría preguntar algo. Sé de sobra que hacer un referéndum sobre la independencia es contrario a la Constitución y que cambiarla para permitirlo sería algo muy complejo. Pero, a pesar de todo eso, si se hiciera el esfuerzo de reformarla y permitir el referéndum, ¿realmente la situación sería peor?
La verdad, no lo sé. 

martes, octubre 15, 2019

Cuaderno de viaje: Madrid (7-9 de septiembre de 2019)


Creo que ya lo dije más veces: Madrid es una de mis ciudades favoritas. Y por eso, un acuerdo al que he llegado con C. es el acercarnos por allí al menos una vez al año. Una ciudad en la que tenemos buenos amigos y en la que hay muchas cosas que hacer bien lo valen, ¿no os parece? Si a eso le añadimos que el día 8 de septiembre era fiesta en Asturias y que esa fiesta se pasó al lunes alargando el fin de semana, ya teníamos la excusa perfecta.

Sábado 7 de septiembre:

El sábado apenas madrugamos, porque queríamos coger el autobús a media mañana. Un viaje tranquilo hasta Madrid, con la consabida parada en Villalpando para comer algo, y nos plantamos en la Villa y Corte.
Esta vez no estábamos en el mismo hostal del Barrio de las Letras en el que solemos quedarnos, sino en un hotel bastante cercano, tanto que cogíamos el metro en la misma estación. Llegamos rápido y después de descansar y ducharnos nos lanzamos a explorar.
Nuestra primera parada iba a ser en una cervecería del Barrio de las Letras que habíamos descubierto el año pasado, pero estaban de vacaciones, así que nos sumergimos en el metro en dirección a Malasaña para tomar algo en una cervecería de allí que no conocíamos, La Pirata, donde pasamos un rato agradable tomando unas birras y disfrutando de su ambiente acogedor.
De allí dando un paseo hasta la calle Cardenal Cisneros, donde ya habíamos estado el año pasado tomando cervezas, para acercarnos al Oldenburg, un sitio que el año pasado no habíamos llegado a conocer. Allí nos quedamos a tomar unas birras y a comer algo. De allí, al hotel, que hay que descansar.

Domingo 8 de septiembre:

El Día de Asturias nos levantamos temprano y desayunamos en el hotel, con intención de ir al Museo del Prado. Según llegamos, una cola que se movía con fluidez nos llevó a entrar en el Museo. Pasamos por la exposición de Velázquez, Rembrandt y Vermeer, por la de Fra Angelico, y deambulamos un buen rato por la colección permanente viendo cuadros de Velázquez, Goya, Tiziano, El Greco, Rubens y alguno más.
De allí al metro, porque habíamos quedado con una pareja que habíamos conocido en nuestras vacaciones. Con ellos tomamos algo y fuimos a comer a un restaurante mexicano propiedad de Joaquín Sabina. Muy interesante.

Pero como no sería un viaje nuestro sin una de nuestras habituales desorientaciones, después de estar con ellos cogimos el metro para pasar por el hotel a dejar unas cosas antes de quedar con algunos amigos. Y nos dimos cuenta de que hubiéramos llegado antes andando. Encima, nos dijeron que estaban justo en el mismo sitio donde nos habíamos separado de los otros colegas.
Del hotel a donde habíamos quedado, esta vez sí, fuimos andando. Recorrimos la calle Atocha, subimos la cuesta de Moyano, pasamos junto a la estatua a Pío Baroja y entramos en el Retiro, viendo a unos músicos que cantaban canciones de Celtas Cortos, a un par de chavales que estaban allí con sus guitarras acústicas, a una chica que leía sentada en la hierba con la espalda apoyada en el tronco de un árbol… Todo muy bucólico, justo antes de llegar a la escultura del Ángel Caído.

Llegamos a donde nos esperaban nuestros amigos, y tomamos algo con ellos, poniéndonos al día del verano, que no nos habíamos visto. De allí, salimos del Retiro pasando por el Palacio de Cristal y nos dirigimos al hotel otra vez, pero antes paramos para comernos un bocata de calamares con una cerveza en un sitio que nos habían recomendado y que nos quedaba de paso. Unas últimas compras y, ahora sí, al hotel.

Lunes 9 de septiembre:

El lunes no teníamos muchas ganas de madrugar, porque estábamos muy cansados del domingo, así que después de desayunar, aunque nuestra idea era pasar por Malasaña a ver algunas tiendas, decidimos deambular por el Barrio de las Letras, asomándonos a los escaparates de librerías y tiendas de instrumentos, e incluso aprovechando para asomarnos a la Real Academia de la Historia (ya sé que tengo que hacer para consultar su biblioteca, jajaja). De allí, a la plaza Mayor, y de vuelta al hotel, que hay que coger los trastos para volver a casa.

En resumen:

Que me encanta Madrid, ya lo dije. Y que me queda mucho por ver todavía, así que habrá que volver.
Como me dijo una antigua compañera de trabajo, Madrid está bien de vez en cuando…

miércoles, septiembre 25, 2019

Otra vez


La noticia de que vamos a tener que repetir las Elecciones Generales me dejó con cara de póker. A pesar del lamentable espectáculo de los líderes de los dos partidos de izquierda haciendo lo posible por no llegar a un acuerdo de gobierno, yo seguía teniendo la esperanza de que serían capaces de formar uno. Pero me equivocaba.

No voy a entrar en quién es el culpable. Eso me da igual. Lo que me preocupa es que estamos exactamente en el mismo punto en el que estábamos cuando votamos en abril, aunque con la gente más cansada de tonterías, y eso puede llevar al desencanto y, con él, a la abstención.

Si en las elecciones de abril el dato de participación fue muy alto, esta vez, me temo, la cosa puede ser muy diferente. Y todo el mundo sabe que, cuando la participación es baja, la abstención se suele concentrar en la izquierda. Si a este hecho le sumamos la posibilidad de que la derecha se coordine para llegar a acuerdos, todo me lleva a pensar que el panorama no es demasiado halagüeño.

Si en abril, antes de las elecciones, temía que las cosas pudieran ir a peor, hoy me temo que la posibilidad de que las cosas empeoren para la mayor parte de la sociedad es muy elevada.
Espero equivocarme.

miércoles, septiembre 04, 2019

Cuaderno de Viaje: Crucero por el Mediterráneo (11-18 de agosto de 2019)


Lo general

Después de los anteriores Cuadernos de Viaje que escribimos en este humilde blog ya os habréis dado cuenta de que a C. y a mí lo que nos suele gustar es viajar a un sitio fijo y, desde allí, ir moviéndonos para conocerlo mejor. Ese modo de viajar ya os lo habíamos contado en nuestros textos sobre Nueva York, Londres, Madrid, Puerto Rico o Barcelona.

Sin embargo, este año, para variar, decidimos hacer un tipo de viaje muy diferente, para saber qué se siente cuando no tenemos que pensar nada y nos lo dan todo hecho. Por eso nos decidimos por un crucero con el que, saliendo de Venecia, pasamos por Bari, Olimpia, Santorini, Atenas, Corfú, Kotor (Montenegro) y de vuelta a Venecia. Por eso, como el modelo de viaje fue bastante diferente a lo habitual, este texto va a ser muy distinto también.

Y por eso, en primer lugar, me gustaría comentar cuales son las principales diferencias que encontramos entre estos dos tipos de viaje. Por un lado, un crucero supone que nos estamos moviendo y que cada día estamos en un puerto diferente, lo que implica que no llegamos a conocer ningún lugar de manera profunda. No obstante, esto puede ser interesante, porque nos permite conocer, aunque sea de manera superficial, sitios a los que, más adelante, podemos estar interesados en volver para verlos como se merecen. En este viaje fueron Kotor (Montenegro), Atenas, Olimpia y Venecia. Otros sitios, como Corfú, no nos gustaron tanto,  aunque en este caso creemos que fue por la propia organización de la excursión que nos ofrecieron para conocerlos. 

Por otro lado, el crucero es una buena forma de conocer gente. Compartir excursiones o mesa en las cenas sirve para conocer a más gente del barco y compartir experiencias. De hecho, conocimos a bastante gente muy maja durante el viaje (por cierto, un saludo para ellos).

En lo que se refiere al cansancio del viaje, fue muy parecido al de otros viajes anteriores, pero sí que hubo una diferencia: frente a nuestras aventuras por, por ejemplo, Nueva York, si bien tuvimos que madrugar mucho para conocer cada lugar, sí nos ahorramos organizar cada actividad por nuestra cuenta antes de iniciar el viaje, porque las excursiones nos las buscaba el barco. Y, en lo que se refiere a las comidas, fue más o menos lo mismo.

Lo concreto (e interesante)

Después de todo este rollo, ahora toca hablar de lo que suelen ser nuestros cuadernos de viaje, es decir, el relato de nuestras aventuras, aunque, como decimos, de forma un poco diferente. Así, después de salir de Venecia, llegamos a Bari, cuyo casco viejo visitamos, acercándonos a la basílica de San Nicolás, con su parte católica y su cripta ortodoxa, y también a su catedral. 



Ya en Grecia empezamos nuestro periplo visitando los restos de Olimpia, con una guía que nos habló tanto de la Historia de ese lugar como de la sociedad griega actual y el modo en el que le afectó la crisis. Las ruinas de Olimpia fueron una de esas cosas que me hicieron recordar por qué soy profesor de Historia y por qué dediqué bastante tiempo de mi vida a la Arqueología. Luego, tuvimos tiempo de hacer algunas compras.



Combinando lo meramente turístico con lo cultural, nuestro segundo día en Grecia lo pasamos recorriendo Santorini, con sus pintorescos edificios, sus calles empinadas… y un sol verdaderamente de justicia. Fue un día de transición para recorrer sin rumbo unos pueblos que, de otra manera, no habríamos tenido interés por conocer. Allí nos acercamos a una antigua fortaleza veneciana y visitamos templos católicos y ortodoxos, contemplando las diferencias entre la iconografía de las iglesias. 


De vuelta a lo propiamente cultural, el siguiente día lo pasamos en Atenas. Una visita a la Acrópolis que hicimos muy temprano para evitar el calor (y las mareas de gente) hizo que ese historiador que vive dentro de mí se estremeciera al ver esos restos. Luego, a media mañana, recorrimos solamente una pequeña parte del museo de Atenas, pero que fue suficiente como para que nos quedaran ganas de volver. Ese día comimos en Atenas, probando la moussaka, el vino griego y, de postre, la baklava. Todo muy recomendable.Y también tuvimos algo de tiempo de hacer compras.


El día que menos nos interesó fue el que fuimos a Corfú, porque lo más interesante, que era el pueblo, apenas lo vimos, y el resto de la excursión, no del todo bien organizada, fue poco aprovechable.

Pero, sin embargo, nuestra siguiente escala fue en el gran descubrimiento del viaje: Kotor, en Montenegro. Desde la entrada a través de sus murallas medievales hasta que volvimos al barco tuvimos oportunidad de recorrer sus callejuelas, conocer su Museo Marítimo o darnos cuenta también de que es una ciudad llena de gatos. De allí, fuimos a Perast, para conocer un par de templos, y todavía nos dio tiempo a regresar a Kotor donde tomamos unas cervezas locales antes de volver al barco. 


 Y nuestro último día lo pasamos en Venecia, donde finalizó el crucero (igual que había empezado) y donde cogimos el avión. Pero antes tuvimos tiempo de visitar una fábrica de vidrio en Murano y callejear por Venecia, haciendo fotos al Palacio Ducal, a la basílica de San Marcos, y también a puentes como el de los Suspiros o el de Rialto.


En resumen

Un viaje muy rápido, en el que conocimos someramente varios lugares que, seguramente, volveremos a visitar más temprano que tarde. No se pudo profundizar en ningún lugar, pero, por lo menos, ya sabemos cómo se podría enfocar una visita individual a cada sitio.
Y, cuando volvamos a cada sitio, seguramente os lo contaremos también.