viernes, julio 20, 2007

El proceso

Queridos lectores, ya estoy aquí de nuevo. Después de unas oposiciones un tanto desquiciantes, voy a soltar adrenalina con un par de textos en los que os voy a contar mis aventuras por el mundo. El primero, éste, como podéis observar, toma su título de una novela de Kafka.
Y la elección no es casual. Cuando uno se mete a preparar unas oposiciones, corre varios riesgos, incluyendo el de sufrir una Metamorfosis (je, je).
Hablando en serio, el proceso empieza cuando, después de casi un año metido en casa, saliendo lo justo y quemándose las pestañas, uno ve en la página del Gobierno de la Comunidad Autónoma correspondiente (en mi caso, en la página de la Xunta de Galicia) que por fin se convocan plazas.
Entonces se inicia otra parte del proceso. La de cambiar la legislación a la que se acoge mi programación didáctica para que sea la legislación vigente en Galicia. Y entonces hay que buscar las leyes por la red y leerlas para citarlas correctamente. Y están en gallego, por supuesto.
Tiempo después, los colegas de la Xunta deciden colgar en su página dónde van a ser los exámenes de cada especialidad. Y entonces es el momento en el que los de la especialidad de Geografía e Historia descubrimos que nos tenemos que presentar en Vigo (frase de una compañera que se presentó allí: "Si se descuidan, nos presentamos en Portugal"). Ése es el momento en el que hay que buscar alojamiento y forma de llegar. Y es también el momento en el que uno descubre que en Vigo hay muchos sitios donde alojarse, pero pocas formas de llegar allí. De hecho la única opción es tirarse ocho horas (¡¡¡ocho horas desde Gijón hasta Vigo!!!) en autobús o un número aún mayor en tren, y en este último caso encima haciendo transbordo en León. Total, que se llegaría antes yendo en diligencia (¿alguno de vosotros tiene el teléfono de John Ford?)
Después de este traumático descubrimiento, uno no sabe si cortarse las venas o dejárselas largas, pero bueno. Entonces, los de la Xunta dan otra vuelta de tuerca. Llega el momento de hacer públicas las fechas de cada prueba. Es el momento de enterarnos de dos cosas: En primer lugar, que se han inventado el concepto de la presentación de las oposiciones, que se hace un viernes por la tarde y que sirve para explicarnos qué tenemos que hacer a lo largo de este proceso de oposición. En segundo lugar, que muchas especialidades tienen el primer examen el sábado a las diez de la mañana, pero otras lo tienen el lunes a las cinco de la tarde. Los de Geografía e Historia, por supuesto, lo teníamos el lunes.
Después de maldecir en todas las lenguas que conocemos, empezamos a preparar el viaje.
Llega el día de ir hacia allá. Tengo suerte. Mis padres se enrollan y dicen que me llevan hasta Vigo para la presentación, aunque luego tengo que seguir allí y buscarme la vida yo solo. No es mala cosa. Lo malo es que el viaje, aunque sea en coche, es muy largo y llegué a Vigo cansadísimo.
Esa misma tarde tengo la presentación y por primera (y única) vez desde que llegué a Galicia, me hablan en gallego. Entonces nos explican la última puñetería que nos tienen preparada: La prueba oral siempre tuvo dos partes, pero siempre se hicieron las dos el mismo día. Pero este año es diferente. Las dos partes se harán en días distintos, lo que alargará el proceso hasta más allá del veinte de julio (o sea, que las oposiciones van a durar más de un mes). Se escuchan palabras de indignación.
Después de un fin de semana en Vigo repasando y saliendo a cenar con otros opositores en la misma situación, llega el día de la primera prueba. Allí estamos casi cien personas con todos nuestros nervios y con varios litros de tila en el cuerpo. Después de casi una hora sentados y cuando ya no nos quedaban uñas que comernos, empiezan a leer las preguntas (cinco para hacer una):
- Metodología del trabajo geográfico. Técnicas de trabajo geográfico (por suerte quedan otras cuatro preguntas).
- Climas y zonas bioclimáticas (lo bueno es que ya no puede empeorar).
- La Península Ibérica: Relieve, clima y vegetación (¿esto es una broma o qué?).
- Conquista, colonización y administración de la América hispánica entre los siglos XVI y XVIII (mejor vamos recogiendo las cosas para ahorrar tiempo).
- Primera Guerra Mundial, relaciones internacionales en el período de entreguerras y crisis de 1929 (en este momento algunos suspiramos aliviados mientras otros se levantaban y se iban).
Hecho este examen, al día siguiente había que volver, y descubrí lo divertido que es estar ocho horas en un autobús para llegar a casa casi a la una de la madrugada.
Dos semanas más tarde, tras otras ocho horas de viaje, tuve la primera parte de la prueba oral, resumir en veinte minutos la programación didáctica de sesenta páginas que elaboré. Hablé delante de un tribunal de cinco profesores (bueno, cuatro, porque uno pasaba de mí como de la mierda) y resumí un curso entero en 19 minutos. No me dijeron nada (este año no se contemplaba la posibilidad de hacer preguntas ni comentarios a los opositores), me fui del instituto y volví a meterme en el autobús.
La semana siguiente avisaron de que, exactamente diez días después de esta prueba, tenía que estar de nuevo en Vigo. Llamé al hotel para reservar habitación y la chica de recepción ya me reconocía por la voz.
El día 19 (ayer mismo) tenía que exponer uno de los temas de mi programación. El sorteo me deparó tres opciones bastante puñeteras:
- Tema 1: Antiguo Régimen (¡qué coñazo, por favor!).
- Tema 10: El ascenso de los fascismos (el tema más feo del temario).
- Tema 15: El mundo actual (justo el tema que no había mirado).
Me decanto por los fascismos y lo explico en media hora. Podía usar los materiales que quisiera, y yo, como soy de la vieja escuela, usé sólo cuatro: papeles, libros, pizarra y tiza. Pero justo antes que yo se presentaron una chica que iba con su ordenador portátil y otra que llevaba un carrito (literalmente, no exagero) con materiales varios. Todo vale. Lo que es inevitable es sentirse un poco pequeñito al ver los materiales que lleva esta gente. Pero hay que luchar.
Hablo, vuelvo al hotel y, corriendo, a la estación, que a las cuatro y media sale otro autobús. A eso de las diez y media me llama una compañera y me dice que las notas ya están en internet.
A las doce y algo llego a Gijón y queda recapitular. Para los fanáticos de las cifras, os dejo algunas de este proceso:
- Tres exámenes.
- Seis noches de hotel, aunque no pude ver nada de Vigo (y eso que estaba a cinco minutos del Museo de Arte Contemporáneo).
- Más de cinco horas en coche.
- Cerca de cuarenta horas en autobús.
- Más de 15 horas de ensayos para preparar el primer examen oral.
- Más de 13 preparando el segundo.
- Y unos nervios que podéis flipar.
¿Y la nota? Pues la verdad es que aprobé. Y por supuesto, esto no habría sido posible sin vuestro apoyo, y es el momento de daros las gracias por todo, por todas las palabras de ánimo y por esos mensajes y esas llamadas que llegaban a todas horas (incluso de madrugada) y que me hacían llegar todo vuestro cariño. Como dijo uno de vosotros en uno de los e-mails más bonitos que he recibido nunca "hicistéis que mi corazón latiera para que mi cabeza siguiera funcionando". Gracias por todo, amigos.
Nota: El próximo texto será sobre la música que escuché en esas interminables horas de autobús. Y es que a veces añoro los tiempos de aquel programa de radio que hacía con uno de vosotros.

1 comentario:

Pedro dijo...

"Por último, aunque de manera particularmente emotiva, quiero referirme a todas aquellas personas que me aman, especialmente a mi familia, pues un cerebro no puede trabajar si el corazón está anquilosado. Ellos, sin duda, han supuesto el motor cálido y humano que ha permitido que este Trabajo de Investigación sea una realidad..."
DE DIEGO GONZÁLEZ, P. A.: "Las Cofradías de Gijón y su Concejo en la Edad Moderna", 2006, p. 1.

Mi buen amigo Pablo, todas las horas de trabajo y viajes están bien empleadas cuando uno se echa al coleto una noticia tan maravillosa como la de aprobar unas oposiciones con 26 añitos; y más aún, cuando se trata de darle una gran noticia a toda la gente que te quiere y que confía en tí, en primerísimo lugar tu familia, y después todos los demás.
Me alegro de ser tu amigo en momentos como estos.
Un enorme abrazo, y muchas felicidades de nuevo.
Pedro.
P.D.: El texto está bien, pero queda totalmente eclipsado por lo que cuentas. Por mucho que lo intentes no conseguirás que nos compadezcamos de tus sudores, porque sólo tenemos ojos para tus logros.