jueves, septiembre 02, 2010

La de los toros

Muy buenas, queridos lectores:
Como últimamente todo el mundo me dejaba comentarios para decirme lo bien que escribo y lo buenas que son mis crónicas de conciertos (gracias, por supuesto), y hace tiempo que no hay polémica, voy a escribir sobre un tema controvertido: las corridas de toros y su prohibición en Cataluña. Que sé que va a traer cola.
Pero vayamos por partes.
Lo de la prohibición en Cataluña puede tener muchas lecturas. La primera es la evidente: que un grupo de personas decidieron someter a referéndum si se quería que allí hubiera espectáculos que denigraran o dañaran a los animales. Pero luego entró la parte política, cuando de la petición original se eliminó toda referencia que no hablara estrictamente de las corridas (lo que nos llevaría a concluir que los políticos pervierten toda iniciativa popular que tocan, pero no es momento ni lugar). Y claro. Ahí es donde se discute y se dice que los que no quieren las corridas son independentistas que no quieren a España.
Y a lo mejor no es tan sencillo.
En primer lugar, ¿todos los que se oponen a la existencia de las corridas son nacionalistas catalanes-vascos-gallegos-del sitio que sea? ¿No hay otras personas que se opongan a ellas sólo porque no les parece bien ver a un pobre bicho agujereado?
Ahora habrá quien me diga (sí, tú), que lo que me pasa es que como no me gustan los toros, lo que quiero es se prohiban, pero que lo que pasa es que no los entiendo. Vale. Que fijo que nadie en la plaza está allí para, con un placer morboso, ver como sufre un animal. Y que seguramente no sé lo bastante de tauromaquia como para apreciar la plasticidad de lo que pasa en la plaza.
Pero sí sé lo bastante de Historia del Arte como para dudar que los toreros deban recibir Medallas de Bellas Artes. Más que nada porque si me cuesta entender ciertas manifestaciones del llamado Arte actual como Arte, más me va a costar entender el toreo como tal.
Y siempre habrá quien diga que el toreo es una tradición. Sí, claro. También lo es tirar cabras del campanario. O la ablación del clítoris. Entonces, ¿vamos a justificar todas las tradiciones sólo por el mero hecho de serlo?
Que no es tan simple. Que tenemos que plantearnos que lo que es ilegal en un caso no puede dejar de serlo en otro. Es decir, que si no es legal coger a un perro y torturarlo hasta la muerte, no puede serlo hacer lo mismo con un toro. Porque tenemos que pensar cuál es la imagen que queremos que tenga este país en el extranjero. ¿Realmente nos interesa ser conocidos sólo por espectáculos que, a todo neófito, sólo le sugieren crueldad?
Pues eso.
Nos vemos.
P. D.: Por cierto, Pedro, sé que tú serás uno de los más beligerantes en este caso. Recuerda lo que habíamos hablado sobre usar la sangre en un espectáculo, cuando comentábamos el caso de aquel profesor de Filosofía alemán al que habían despedido por cantar en un grupo de Death Metal. Y lo que dijiste de la serie Dexter. Por si acaso.

1 comentario:

Pedro dijo...

Hola Pablo, siento el retraso en contestar al reto que me propones, pero la verdad es que la prohibición de las corridas de toros es uno de los asuntos que menos me interesan de la actualidad nacional, comparado con los 4,5 millones de parados, la crisis del PP asturiano, el hundimiento del PSOE... Ahora mismo estamos en un compás de espera político, todo está paralizado hasta las elecciones catalanas, si CiU recupera la Generalitat pueden cambiar muchas cosas en España, e inmediatamente después las municipales y autonómicas, que pueden saldarse con un derrumbamiento socialista a nivel nacional. Y dependiendo de lo que pase en Cataluña, no descartaría un gran pacto nacional CiU-PP contra Zapatero. La no aprobación de los presupuestos supondría elecciones anticipadas en el 2011, como ya ocurrió en el 95-96. Y en medio de las desesperadas negociaciones socialistas con el PNV para conseguir que se aprueben los presupuestos, y que pueden suponer el fin del gobierno de Patxi López, ETA declara una tregua... Con todo esto sobre la mesa, viejo amigo, francamente no pienso en los toros.
Pero ya que lo preguntas yo propondría corridas incruentas, como en Portugal. Incentivar el rejoneo, que me parece precioso, eliminar las partes sangrientas del espectáculo, la parte de las banderillas, el picador y la muerte. Sin eso puede hacerse un buen espectáculo apto para todos los públicos y propio del s. XXI. Todo esto lo digo desde fuera, claro, nunca he ido a una corrida de toros, quizá porque en Asturias no hay demasiada tradición, fuera de las fiestas de Begoña.
Por todo ello, prohibir algo por decreto me parece crear polémica y división en un momento en el qeu necesitamos mensajes de certidumbre y unidad desde nuestra casta política. Pero claro,
por otro lado, todo lo que salga del gobierno tripartito de Cataluña ya sabemos qué dirección lleva: agit-prop independentista. ERC es un partido independentista que coqueteó con el terrorismo, y el PSC está en manos de charnegos acomplejados de serlo que tratan de quitarle el voto catalanista moderado a CiU; en su primera legislatura perdieron un cuarto de millón de votos, veamos cómo quedan dentro de unos meses.
Para todo lo demás, estoy de acuerdo contigo.
Un fuerte abrazo. Pedro.