sábado, abril 12, 2008

Atrapados en la red (II)

El título significa que, a medida que por internet siga encontrando cosas que me llamen la atención, seguiré contándolo.
Resulta que cuando uno tiene algún momento libre, nada mejor que hacer y un ordenador con conexión a internet a mano, puede dedicarse a buscar muchas cosas, algunas normales, y otras no tanto. Por ejemplo, de vez en cuando me da por buscar información sobre los escritores que me gustan. Y así, ayer mismo, buscando información sobre Javier Marías, encontré una página en la que se califica su literatura de "estafa editorial". Después, sacando de contexto un ingente número de citas de sus obras, se dice que no escribe bien o incluso que no se le entiende (esto puede que en muchos casos sea verdad, pero sobre todo porque cada vez hay más gente que no entiende lo que lee, como, me parece a mí, el autor de dicho artículo).
Todo esto sobre Marías, Académico de la Lengua y muchas veces mencionado como un posible Nobel dentro de relativamente poco tiempo, me recuerda mucho a todos esos críticos (léase, "escritores frustrados") que se meten con todo lo que vende aunque no lo hayan leído. O que se meten con los escritores que cuentan historias, pero que luego nos venden la moto de que lo que mola ahora es el rollo del proyecto Nocilla. Que a mí, desde mi humilde opinión que comparto conmigo mismo y con mi mecanismo, me parece una puñetera mierda, porque no son más que retazos sin ánimo de contar nada. O sin capacidad para hacerlo.
Pero no siempre busco por internet cosas serias. A veces me da por buscar cosas que me gustaban hace años. Así busqué información sobre las series que veía de pequeño, ya sabéis, las que vimos todos: Los Caballeros del Zodiaco, Chicho Terremoto, El coche fantástico, El Equipo A, MacGyver (recuerdos para Patty y Shelma), Oliver y Benji... Cuando ya había buscado sobre todas las que veía, busqué también sobre las que no veía pero que sabía que existían. Y así busqué sobre Los Pitufos. Y flipé. Porque en una página encontré a un fulano que aseguraba que eran... ¡¡¡satánicos!!! Sí. Los Pitufos. Con lo majos que parecían. Especialmente llamativa es la leyenda urbana según la cual un muñeco de Papá Pitufo mató a un crío. Desde que la leí no veo igual al muñeco de Bart Simpson que tengo encima de mi escritorio. Creo que me mira mal, el jodío.
Y resulta que enlazando con esa página, encontré otra en la que se dice que en la música hay muchos grupos con mensajes subliminales de contenido satánico (todos sabemos que en el "Starway to Heaven" de Led Zeppellin los hay, pero, bueno, es que sus autores están un poco chiflados), entre ellos... ¡¡¡La Oreja de Van Gogh!!! Alucinante, colegas. Y lo más alucinante es que, según esta página, los de La Oreja de Van Gogh no sólo habrían incluido mensajes subliminales sólo escuchables si ponemos el disco al revés, sino que encima lo habrían hecho usando para ello giros propios del español latinoamericano (si no me creéis, entrad en esa página, el enlace a los artículos sobre subliminales está a la izquierda; y no tiene desperdicio).
La verdad, no sé si da risa o si da miedo.

2 comentarios:

Diana dijo...

Hola.
Oh Pablo, eres paverísimo.
Mira que no creer que los Pitufos eran unos siervos de Lucifer!.Pero si todo el mundo lo sabe!. Por qué te crees que tenían tanto éxito?. Porque habían hecho un pacto con el mismísimo diablo.
Cómo se nota que eres un bebé!. Si fueras un hombre hecho y derecho y con pelo en el pecho lo sabrías. Además de saberlo serías un chimpancé o un oso peposo si el pelo ES rubio.
...y, es que a veces ésto de la internette es demasiado. Pablo, ya sabes lo bueno es a veces lo malo
Que se jodan los que se pasan de rosca y son capaces de decir tantas estupideces.
Un bico desde Coruña, amigo.
Diana

Pablo dijo...

Ya, la verdad es que en internet podemos encontrar de todo. El problema es que no siempre podemos fiarnos de que todo lo que se diga sea verdad. Y a veces nos encontramos con cosas como éstas.
Que serán chorradas y nos harán reir, pero el problema es que hay gente que de verdad se las cree. Y así nos va.