martes, septiembre 11, 2007

Una fecha señalada

En El País de hoy, 11 de septiembre, se publicaba esta viñeta de Elrich. Hace referencia a algo obvio: hace seis años las Torres Gemelas que daban buena parte de su carisma a la sky line de Nueva York fueron derribadas en el mayor ataque terrorista de la Historia. Recuerdo muy bien qué hacía yo aquel día. Mientras muchos de mis amigos estaban de exámenes, yo había quedado con otro (uno de vosotros, queridos lectores) para acercarme a la playa, que todavía hacía buen tiempo. Además, aquel dia llegaba la Vuelta a España a Gijón, complicándome bastante lo de coger un autobús para llegar a donde habíamos quedado. Pero la noticia del día no tenía nada que ver con el deporte, sino que se refería a la sinrazón y la barbarie. Las noticias que llegaban desde La Gran Manzana eran estremecedoras y, mientras yo las escuchaba en la tele, con el bañador ya puesto, no podía hacer nada más que mirar a la pantalla boquiabierto (literalmente) y sin entender nada. La frase del colega cuando nos reunimos en una de las escaleras de la playa fue bastante ilustrativa: "Puede estallar la tercera".
Después, todos sabemos lo que pasó: La invasión de Afganistán, la de Irak, el recorte de derechos en Estados Unidos en busca de, supuestamente, una mayor seguridad, aeropuertos en los que cada vez hay más medidas de seguridad... Y el mundo no es, ni de lejos, más seguro que hace seis años, como se vio el 11 de marzo de 2004 en Madrid o el 7 de Julio de 2005 en Londres, o más recientemente en Argelia. Se demuestra así que la venganza no suele servir de nada.
Pero me gustaría recordar también que tal día como hoy, pero de 1973, ocurrió otro hecho histórico bastante desagradable. El golpe de Estado de Pinochet en Chile, financiado, por cierto, por Estados Unidos. En esa financiación tuvo mucho peso el papel de Henry Kissinger (que, por cierto, sale en un episodio de Los Simpsons), que, para mayor burla de los chilenos (entre otros), fue galardonado con el Nobel de la Paz (manda huevos, como dijo aquél).
Menos mal que estos días anda por España el Dalai Lama y nos deleita con reflexiones como las que hizo esta mañana en la Cadena Ser, intentando que comprendamos que el camino es el diálogo.
Nota: Ahora me gustaría citar el comentario que una de vosotros hizo al texto que colgué el 11 de marzo ("¿Dónde estabais en los malos tiempos?"), porque me parece que dice algo muy interesante que se puede aplicar también al día de hoy: "Ahora que recuerdo aquello, sólo espero que en el futuro las fechas que se graben a fuego conmemoren hazañas nobles que nos permitan esbozar una sonrisa". Pues eso.

1 comentario:

Pedro dijo...

Querida Pablo:
Un artículo muy bonito, aunque, como supondrás, no esté de acuerdo con algunas de tus palabras. Antes de nada me gustaría proclamar para el resto de tus lectores que fui yo el amigo con el que quedaste ese 11 de septiembre, en aquella tarde que nos pasamos visualizando la tercera guerra mundial (que no sería la tercera, pues guerras mundiales también podrían ser consideradas la guerra de los 30 años, o las guerras napoleónicas, ya que todas ellas tuvieron un desarrollo importante en América).
Tengo dos objeciones sobre tu planteamiento: en primer lugar, creo que el gran enfrentamiento global en el que está enfrascado Occidente no empezó con las torres gemelas (eso sería la declaración de guerra, o el casus belli), sino que el radicalismo islámico ya empezó a convulsionar el mundo en los 70, tras fracasar los estados árabes en destruir Israel. Ese radicalismo estuvo detrás del asesinato del presidente egipcio Sadat, del derrocamiento del Sha de Persia, de las guerras civiles del Líbano, de la guerra Irán-Irak, de la yihad afgana contra los rusos y de la posterior invasión de Afganistán por parte de los talibán (los afganos que huyeron de su país durante la guerra con los rusos y que crecieron radicalizados en los campos de refugiados de Pakistán)...
O lo que es lo mismo, tras 30 años en los que se fue forjando un terrorismo islámico internacional potente (distinto al terrorismo laico y vinculado a la URSS que practicaban Gaddafi o Arafat), tanto chiíta (financiado por los iraníes tanto en el Líbano como en Palestina) como sunní (reacción saudí ante el despegue chiíta: por un lado fomentan una yihad sunní en Afganistán, mediante Al-Qaida, y por otro promueven un enfrentamiento directo entre Irak e Irán, intentando romper infructuosamente al gigante chiíta; cuando Saddam exigió el pago por haber sido el brazo armado de los sunníes y se lo negaron, decidió servirse él mismo invadiendo Kuwait).
La historia es compleja de narices, por eso concebir lo que está pasando como una mera venganza tras un acto terrorista creo que es demasiado simple. Hay dos tipos de organizaciones terroristas: las que están apoyadas por estados y las que no. Las que lo están tienen recursos infinitos de hombres y materiales, y sólo cargándote al estado que las apoya, o impidiendo que siga haciéndolo, se podrá acabar con ellas; aquellas que viven del aire pueden ser fácilmente eliminadas con mero trabajo policial. No creo que haga falta citar demasiados ejemplos, sólo apuntar los terrorismos europeos comunistas, o los financiados por Gaddafi, o lo que pasó a ETA en cuanto Francia dejó de ser un lugar seguro para ellos.
Por ello, que USA derrocara a los dos gobiernos más favorecedores de Al-Qaida, y ayudara a derrocar al somalí, no me parece del todo una mala idea. Pero la cosa se quedará en agua de borrajas sino lanza una contundente ofensiva aérea contra las plantas nucleares iraníes, como hicieron los israelíes cuando Saddam quiso tener la bomba, o como parece que hicieron hace poco, también los israelíes, en Siria. Un Irán nuclear puede conducirnos a otra guerra fría, y a que muchos países caigan en manos de los islamistas totalitarios, por no hablar de otro holocausto judío.
¿Es el mundo ahora, en suma, más seguro que en 2000? No lo sé. ¿Era el mundo más seguro en 1943 que en 1939? Creo que lo que debemos preguntarnos es si están los malos más o menos cerca de conseguir sus objetivos. Siendo los malos los extremistas totalitarios, siendo sus objetivos reinstaurar el califato islámico en su nueva versión totalitaria en todo el mundo musulmán, y viendo que los terroristas están siendo derrotados en Afganistán (donde apenas son unos pocos maquis perdidos en el monte), en Irak (sí, en Irak, donde hasta los sunníes ya están hasta los cojones de masacres terroristas y están dejando de apoyar a Al-Qaida, y donde la organización criminal ya está empezando a dar signos de agotamiento), en Líbano (donde el ejército libanés ya derrotó a la rama “palestina” de Al-Qaida, donde ya se ve más nítidamente que nunca la violencia política de Siria, y donde los cascos azules de momento neutralizan cualquier movimiento importante de Hizbullah, partido que ya fue derrotado el año pasado por Israel, aunque torpemente), en Somalia (donde por fin fueron derrocados), en la escena internacional (donde la Francia de Super-Sarko podría apoyar un ataque estratégico contra las estructuras atómicas de Irán) por no hablar del pequeño tamaño y la vulnerabilidad a las operaciones policiales que las células terroristas islámicas están mostrando en Europa (donde sufren desarticulaciones y detenciones en España, Inglaterra, Alemania, por no hablar de la chapuza que intentaron unos aficionados contra el aeropuerto de Glasgow)... (Buf, qué párrafo más largo), podemos decir que los islamistas radicales están ahora mismo bastante lejos de la victoria. En suma, que una cosa es la paz y otra la victoria. Todos queremos la paz, pero cuando un loco maníaco y antidemocrático empieza una guerra, hay que derrotarle, porque si no seguirá intentando envenenar y destruir todo lo que le rodea.
Sin más termino, tras este coñazo de texto, que encima va con diez días de retraso.
Un fuerte abrazo para ti y para tus lectores.
P.D.: En cuanto al viejo Kissinger, jejeje, no puedo dejar de recomendar su parodia en “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú”. Por cierto, el Nobel de ese año lo compartió con su homólogo norvietnamita por las conversaciones de paz. En el fondo Kissinger sólo quería acabar con la Guerra Fría. Y, vaya por Dios, una manera de terminarla era cargándose al mayor número posible de comunistas. En otro momento comentaremos la deriva totalitaria y violenta de Allende (expuesta por un observador imparcial y pegado al terreno, Ronald Reagan)