viernes, septiembre 28, 2007

Adiós

Hace unos días encontré en una carpeta de mi ordenador este breve texto que había escrito allá por febrero de 2005. Ya ni me acordaba de él. Volví a leerlo y la verdad es que no me parece que esté mal, así que decidí compartirlo con vosotros:

“Adiós” dijo él, y esa palabra sonó tan rotunda como una puerta que se cierra.

Se puso de pie y comenzó a caminar hacia la puerta de la cafetería, con la cabeza alta y la arrogancia de un guerrero medieval que vuelve victorioso de una batalla. Ella lo miraba alejarse con los ojos inundados de lágrimas y con un nudo atenazando su garganta e impidiéndole hacer lo que más deseaba en ese momento: gritar. Los pasos firmes de él resonaban en su cabeza como si en lugar de ser los pasos de un hombre fueran los de una enorme bestia.

Él sentía el peso de los ojos de ella clavados en su espalda. En su interior sentía la necesidad de volverse y decir que nada de aquello era en serio, que no quería irse para siempre, pero su orgullo se lo impedía. Tuvo que apretar con fuerza los dientes para no sucumbir a la tentación. Cuando cruzó el umbral de la puerta, sintió que un enorme vacío se abría dentro de su corazón.

Ambos sabían que aquello era para siempre.

1 comentario:

Pedro dijo...

Precioso texto, (¿quizá premonitorio?; bueno, dejemos lo personal fuera de nuestros blogs). Me recuerda a unos versos de Bécquer (antisemita y sifilítico, vaya perla, y generaciones de adolescentes enamoradas de él creyendo que representaba el amor puro y romántico; y es que a mí el único puro que me gusta es el que viene de La Habana - de las pocas cosas que no se cargó el barbas; pero bueno, no hay que hablar de política en los textos literarios).
Volviendo al texto, lo idcho, me recuerda a aquello de "...por qué no lloré yo" No me acuerdo como era el resto, pero venía a decir lo mismo: la dureza en el amor, aunque al principio puede significar fuerza, a la larga sólo hace que te arrepientas de haber terminado con algo que formaba parte de tí.
Un abrazo, compañero. Cura ut valeas.
Pedro.