domingo, agosto 17, 2008

Cuadernos de viaje: Mérida (segunda parte)

VIERNES 15 DE AGOSTO
Continuando con el relato de mis andanzas emeritenses, el viernes me levanté y después de la ducha fui a desayunar al mismo sitio que el día anterior. Después, decidí acercarme hasta la Basílica de Santa Eulalia, el único lugar verdaderamente interesante que no había visto la vez anterior que había estado en Mérida. Por cierto, está a sólo quince minutos del hostal. Se trata de un sitio muy interesante, ya que la basílica está construida sobre unos restos antiguos, y para verlos hay que bajar hasta la cripta. Pero no se tarda demasiado en verla, en media hora ya estaba fuera. Por eso, decidí buscar qué hacer hasta la hora de comer. Se me ocurrió buscar por última vez el Museo de Geología y Prehistoria y, oh sorpresa, conseguí encontrarlo. Está en la calle de John Lennon. Pero, vaya por dios, resulta que como el 15 de agosto es fiesta, no estaba abierto. Debe de ser el único sitio de Mérida que cierra. Coño.
Como todavía eran las doce de la mañana, se me ocurrió ir caminando hasta la estación de autobús, para aprenderme bien el camino por si el sábado no encontraba un taxi para ir a la estación. No está demasiado lejos, se llega en veinte minutos. Regresé al hostal, y fui a comer algo.
El resto de la tarde la dediqué a descansar y a pasear, y también a comprar un regalito para mi abuela (una reproducción de una lucerna, o sea, una lámpara romana hecha de terracota, que funciona con aceite). Después de cenar, pregunté a los camareros del mesón si sabían qué recorrido seguía el pasacalles que se iba a hacer esa noche, a cargo de Samarkanda Teatro. Difícilmente podrían decirme por dónde iba a pasar, porque no tenían ni puta idea de que iba a celebrarse. Enteradillos los chavales.
Usando un poco la lógica, sabiendo que salía de la plaza de España y que llegaba hasta el teatro, callejero en mano, busqué el camino más fácil. Y acerté. Me lo encontré por una calle paralela a la del hostal y lo fui siguiendo hasta que llegó a la plaza donde está el teatro. Y allí estaba montado un escenario, donde empezó un espectáculo de danza con música en directo, en el que se mezclaban fragmentos de la obra de teatro que se está representando estos días en Mérida. Fue impresionante.
Después, al hostal, que hay que hacer el equipaje y acostarnos pronto, que mañana madrugamos. Por cierto, truco que desarrollé en los viajes de estudios del instituto: Si compráis algo delicado (en este caso, el regalito para mi abuela) y no queréis que se rompa en el viaje, podéis meterlo en el equipaje de mano (en mi caso, en mi fiel mochilita) envuelto en las camisetas que usasteis durante el resto del viaje. No es muy higiénico, pero os aseguraréis de que no se rompe.

SÁBADO 16 DE AGOSTO
Una vez más, mi reloj biológico me impidió dormirme. De hecho, desde las dos de la mañana me fui despertando cada hora. De esta manera, me levanté a las siete de la mañana. Me duché, recogí mis trastos y dejé la habitación. Llamé a las dos compañías de taxis de Mérida y, la madre que los parió, no me cogieron el teléfono. Bueno, es temprano, el bus no sale hasta las nueve, puedo ir andando. Además, es como si fuera haciendo una ruta turística:
"Si bajamos por la calle del hostal, a su derecha verán el pórtico del Foro, la plaza pública de la Mérida romana. Un poco más allá, también a su derecha, el llamado Templo de Diana. Si caminamos hasta el final de la calle, encontraremos la Alcazaba (fortaleza) de época musulmana (Mérida fue ocupada por los musulmanes en el año 713). En ella se encuentra ahora la Presidencia de la Junta de Extremadura. Vamos a rodearla, venga, venga, no se me despisten.
Justo detrás, tenemos el puente romano, y, en el centro de la rotonda que queda a la derecha, una réplica de la escultura de la Loba Capitolina amamantando a Rómulo y Remo, donada recientemente por la ciudad de Roma a su pequeña réplica. No, no se metan por el puente romano. Vamos a seguir aguas arriba hasta el puente siguiente, el Puente Lusitania.
Antes de meternos por él, miren a su derecha. Verán un edificio muy moderno, que sirve para conservar otros restos de época musulmana. Ahora sí, métanse por el puente. Venga, venga, sigan caminando. Ahora, justo cuando lleguen al final del puente, verán la estación de autobuses. Aquí acaban mis servicios como guía."
Llegado a la estación, comí algo, leí el periódico (y en él me enteré de que el miércoles habían tocado Extremoduro, si lo llego a saber, voy) y me subí al bus. Otras diez horas viajando, con conductores de chirigota. El primero, llevaba puesta una emisora de coplas (así que me enchufé al mp3 para sobrevivir). El segundo, en cada parada hacía una llamada de teléfono y hablaba a voz en grito. Me enteré de que estaba arreglando el cuarto de baño de su casa. Pero también fue el responsable de que el bus acumulara bastante retraso. Amparándose en eso, el último decidió no parar. De modo que desde Salamanca (donde paramos a las dos de la tarde) hasta Gijón (donde llegamos a las siete menos algo) no paramos para estirar las piernas. Así recuperamos el tiempo perdido y algo más, pero también sirvió para que la gente se quejara bastante. Cuando llegamos, alguien se acordaba de los muertos del conductor.
Pero bueno, ya estaba en casa, con mis padres esperando para recogerme y con ganas de llegar.
En resumen, no estuvo mal. Será cosa de volver otra vez. Y os lo recomiendo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bonito relato de viaje, compadre. Estuve en Mérida hace el pasado septiembre (Congreso de Archiveros de la Iglesia; la primera vez que exponía una comunicación, y ante una veintena de canónigos) y era tal cual, un museo arquitectónico concentrado en pocas manzanas. Pero he consiguido olvidar cómo pasé las taytantas horas de bus. Por lo menos la vuelta la hice de noche y pude dormir.
Tienes que desarrollar lo de la reventa ¿lo conseguiste al final? Y sobre todo desarrolla más lo de las lugareñas, queremos detalles jejeje. "Ni nardos ni caracolas tienen el cutis tan fino/ ni los cristales con luna relumbran con ese brillo". Las bellezas del sur me recuerdan a Lorca.
Bueno, ya te dejo. Un fuerte abrazo.
Pedro

Pablo Folgueira Lombardero dijo...

Pues no, no conseguí revender la entrada de Javi. La tengo, muerta de risa, entre las páginas del libreto que nos daban al entrar al teatro.
Una pena.
Y sí, las lugareñas son muy guapas, je, je.

Jabolka dijo...

Yo tengo que estar 5 horas sin hacer pis y me revienta la vejiga fijo (porque para los baños que tienen los alsas, como si no los hubiera!!)

jeje
saludos!