viernes, agosto 01, 2008

Conociendo al enemigo

"Hay que comer de todo. De lo que gusta y de lo que no". Estas palabras las escuchaba bastante a menudo cuando era pequeño de boca, normalmente, de mi madre o de mi abuela. Y desde entonces, le he hecho bastante caso, sobre todo en lo que se refiere a mi "alimentación cultural". Quiero decir que a la hora de leer, leo de todo, y de manera que igual que me he leído tres veces Don Quijote y dos La Iliada, puedo decir que me he leído también El código Da Vinci, y lo mismo que adoro lo que escribe Gabriel García Márquez, tengo interés por echarle mano al algo que haya salido de las manos de Carlos Ruiz Zafón.
En lo que se refiere a lecturas de carácter histórico, aunque no es algo que haga tan a menudo, también intento no ceñirme sólo a una visión y conocer otras visiones de un mismo hecho. Por eso ahora estoy leyendo algo de Pío Moa, concretamente uno de los muchos libros que escribió sobre la Guerra Civil (Los mitos de la Guerra Civil). Y no tiene desperdicio.
Aparte de la evidente utilidad que tienen los libros de este tío a la hora de calzar mesas cojas, en este caso es interesante porque me ayuda a recordar algo que decía de vez en cuando un profesor de Literatura que tuvimos en la carrera (Pedro sabe a quién me refiero): "O hacemos ciencia, o hacemos literatura, o nos callamos", o sea, que o contamos hechos verídicos y hacemos ciencia (en este caso, ciencia histórica), o nos lo inventamos pero lo hacemos bien (hacemos un texto literario), o nos callamos, porque para hacerlo mal, mejor no hacer nada. Tal vez esta frase debería haberla escuchado alguna vez el señor Moa.
En su libro, este tipo, que se llama a sí mismo historiador aunque no tiene formación histórica (¿qué diría si le operara de apendicitis un fulano que se llama a sí mismo cirujano aunque no haya entrado en una Facultad de Medicina en su vida?), utiliza mal varios conceptos, critica a historiadores españoles y extranjeros consagrados y muy respetados cuando no está de acuerdo con sus teorías (Gabriel Jackson, Paul Preston, Raymond Carr, Hugh Thomas, Ian Gibson, Javier Tussel, Enrique Moradiellos, David Ruiz...), aunque sí le parecen interesantes cuando dicen cosas que sirven para refrendar más o menos sus ideas.
Otra cosa sobre el estilo de este autor, adalid de lo que se ha dado en llamar el revisionismo histórico (que se resume en "vamos a inventarnos la Historia porque la verdad no nos mola, así que vamos a intentar convencer a la peña de que Franco era muy bueno y los de la República muy malos"), es que no cita fuentes ni bibliografía. Apenas incluye notas a pie de página y no dice de dónde saca cada dato. Y qué queréis que os diga. Cuando yo redacté mi memoria de investigación de doctorado, mi tutor me obligaba a poner una nota a pie de página por cada afirmación que escribía, y siempre tenía que ser una nota que remitiera a la fuente primigenia, de manera que la falta de referencias me parece una chapuza.
Y lo que más me molesta es que presente opiniones como hechos ciertos. Eso, señor Moa, no es hacer Historia. Es hacer el idiota a base de contar sus ideas.
Por cierto, en cierta ocasión me referí a este individuo como un "terrorista cultural". Lo que yo no sabía y me enteré después, es que este fulano sí fue terrorista de verdad, fue militante y miembro fundador del GRAPO. No tiene condenas por delitos de sangre, aunque sí participó en atentados y algunas fuentes apuntan a que tal vez sea responsable de alguna muerte. No voy a entrar en eso, sus posibles delitos de sangre quedan entre él, su conciencia (suponiendo que la tenga), y la Justicia. Y esto es lo más sorprendente: de militar en organizaciones de extrema izquierda, ha pasado a justificar la dictadura. De un extremo a otro.
Sólo espero que algún día los historiadores de verdad asumamos lo que dijo el presidente del tribunal que valoró la memoria de investigación de uno de vosotros: los historiadores serios nos perdemos en grandes teorizaciones y dejamos la divulgación en manos de gente como Pío Moa.
Cuando lo asumamos, podremos divulgar para contrarrestar la influencia de las mentiras de gente de esta calaña y dejar que la Historia (la verdad, en definintva) sea lo que siempre debió ser: un patrimonio de toda la sociedad.
Y ya tenéis otro capítulo de Sombra y Luz disponible. Espero que os guste.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, Pablo. Ante todo, felicidades por tus buenos resultados en las opos, aunque luego uno se encuentre con determinadas gentes y leyes.
Volviendo a este artículo, yo nunca leí ningún libro de Pío Moa, pero sí leía algunos de sus artículos en Libertaddigital, y sé más o menos por dónde va. Decía que Rajoy era un acomplejado por no dar un golpe de estado contra Zapatero. En fin.
Pero al margen de su radicalismo, o de su rigor como historiador, Moa tiene una tesis que es interesante: el matiz totalitario del socialismo.
Por supuesto que aplicarlo al PSOE actual es arriesgado, pero la visión actual de la Guerra Civil ha hecho que líderes como Azaña o Prieto, por no hablar de Carrillo o Pasionaria, aparezcan ante la Historia como perfectos demócratas inocentes de toda culpa, en una contienda en la que había una derecha totalitaria, una democracia, y unos pocos “incontrolados” de izquierdas.
Y en ese plano no encajan los discursos de dichos personajes antes, durante y después de la guerra, ni el golpe de estado del 34, ni el del coronel Casado, ni determinada intrahistoria antiheroica de las Brigadas Internacionales, o el propio asesinato de Calvo Sotelo, tras recibir públicas amenazas de Pasionaria, y a manos de gente de Prieto. Si desconocemos, u omitimos, el terror rojo sufrido por Madrid o Barcelona, es más complejo comprender determinadas cosas posteriores.
A lo largo del s. XX, los comunistas siempre han aprovechado las guerras civiles para crecer desde una posición prebélica embrionaria, militarizarse y militarizar la sociedad, y luego establecer un régimen totalitario, justificado por la guerra. Eso ocurrió en Rusia y en China, y pasó a medias en España (véase el golpe de Casado, en el que participó el padre de Carrillo; tras lo cual Carrillo, a la sazón en París, renegó de su padre, que seguía en el Madrid sitiado).
Y la misma gente que dice que la República era maravillosa, es la que se resiste a llamar a Cuba una dictadura. Y ambos conocemos a un profesor de universidad que justificó públicamente los fusilamientos castristas.
Así pues, hacía falta que alguien recordara ese matiz. Y su éxito de ventas dice que hay mucha gente en España que quiere leer otras versiones de la Guerra Civil y de la izquierda.

En cuanto a su pasado terrorista antifranquista, él habla sobre ello muchas veces, para exponer cuál es la lógica de los terroristas de izquierdas, y qué nos podemos esperar de ellos. En cuanto a los cambios de chaqueta, en la Transición hubo en dos direcciones: aquellos que combatieron a Franco, y que ahora, con la edad y tras el felipismo, ven el socialismo de otra manera, y se niegan a que, por ser de derechas, alguien les niegue el carnet de demócratas. Luego ha habido muchísima gente que pasó de la camisa azul, el cilicio y las juergas con gerifaltes del régimen, a ser profetas del socialismo: ahí están Polanco (RIP), Cebrián (hijo de un director de El Alcázar), Sopena (ex opusino)... Creo que hay un libro titulado Yo tenía un camarada, (por la canción de las SS traducida al español para la División Azul) en el que sacan toda la genealogía fascista de los líderes socialistas españoles.
Lo dicho, que la gente evoluciona. Yo no tenía las mismas ideas políticas hace 10 años, y supongo que a los 50 habré cambiado en muchas cosas. Habrán pasado líderes y discursos distintos, España y Occidente se enfrentarán a retos diferentes... Pero hay que mirar con lupa a quienes siempre están con quien gobierna, siempre son más papistas que el Papa, y siempre están montados en el dólar, pero nunca exponen abiertamente por qué cambiaron de chaqueta, o cuándo vieron la luz (Federico Jiménez Lozanitos dejó de ser comunista tras ver un campo de concentración chino, por ejemplo). Sobre todo, para que no den lecciones de moralina.
Ya te dejo. Siempre es placentera una buena discusión política.
Un abrazo.
Pedro

Pablo Folgueira Lombardero dijo...

Muy buenas, Pedro, siempre es un placer tenerte por aquí.
Y gracias por las felicitaciones.
Sobre los textos de Moa, lo que intento destacar es el hecho de que intenta justificar lo que hicieron unos aplicando la lógica del "y tú más", diciendo que los otros eran peores.
Sobre la represión en ambos bandos, supongo que no hace falta que te recomiende el excelente libro de Gabriel Jackson "La República Española y la Guerra Civil", que supongo que conocerás y que, como bien sabrás, se fija en lo que hicieron unos y otros, destacando que en la Guerra Civil, como en todas, los dos bandos fueron bastante cañeros.
El problema de este señor es su intento de hacer pasar sus opiniones por verdades, igual que hace, salvando las distancias, Dan Brown con sus novelas. Y eso puede dar lugar a una divulgación de ideas erróneas. ¿Vamos a aceptar que todo lo que Moa dice es aceptable sólo porque venda muchos libros? Pues no.
Un historiador serio es un científico, y por ello debe ser objetivo, debe ser capaz de justificar documentalmente lo que dice y de plantear hipótesis plausibles. Moa no lo hace, sólo cuenta lo que él considera la verdad sin justificarla, sin decir de qué fuente toma cada dato y esperando que lo aceptemos como dogma de fe.
Lo siento. Me costó mucho sacar la carrera, escribir mi tesina y entrar a colaborar con equipos de investigación como para aceptar que lo que este tío escribe es Historia.
Como mucho, estoy dispuesto a calificarlo de historieta.
Un abrazo.

Jabolka dijo...

....Después de lo cual, solo puedo decir... Me encanta leer/escuchar las "discusiones" entre historiadores, jajaja... Se aprende mucho más que en cualquier clase de Historia! :P

Victoria dijo...

Gran entrada. Chapeau!

Nada que añadir, pues está todo dicho.

Fdo. Una licenciada en Historia que no soporta a los farsantes como Moa.